jueves, 24 de marzo de 2011

Una reflexión más sobre el concepto del continuum



En días anteriores, navegando por la red y por otros blogs, supe de la muerte de la escritora estadounidense Jean Liedloff, creadora del concepto del continuum,el cual nos refiere a la idea de que para que para lograr un óptimo desarrollo en lo emocional, físico y mental, el ser humano, especialmente los bebés, necesitan tener todo tipo de experiencias que los integren a las actividades que habrán de desarrollar en un futuro; para desarrollar mejor su idea, Jean Liedloff escribió el libro El concepto del continuum: en busca del bienestar perdido.

Este interesante concepto, nace a partir de un viaje que Jean hizo a Venezuela en una expedición en busca de diamantes; ahí tuvo contacto con la tribu yecuana, maravillándose de la manera de vivir de esa gente, tan satisfactoria y llena de bienestar, y pudo darse cuenta que el punto central de su estilo de vida era la manera en que trataban a los niños. Los niños yecuana no conocen en estrés ni los cólicos, colaboran entre ellos y con otros miembros de la comunidad desde edades muy tempranas y crecen para ser adultos integrados y felices. Regresó en varias ocasiones a la región yecuana de Venezuela y terminó por quedarse a vivir entre ellos.

Jean observó que en la tribu yecuana los bebés y niños estaban completamente integrados a la vida de los adultos, había un perfecto equilibrio entre la atención de las necesidades de los niños y el cumplimiento de las responsabilidades adulta. La forma de lograr esto, según Jean Liedloff, es brindarles a los bebés experiencias tales como (encontrado en el sitio Crianza Natural):



  • Contacto físico constante con su madre (o algún otro cuidador) desde el nacimiento.
  • Dormir en la cama de sus padres, en constante contacto físico, hasta que la abandona por propia voluntad (habitualmente hacia los dos años).
  • Amamantar a demanda, respondiendo a las señales que emita el bebé con su cuerpo.
  • Ser cargado constantemente en brazos o de otra manera (pero siempre en contacto con alguien, normalmente su madre), y que pueda observar (o alimentarse o dormir) mientras la persona porteadora hace sus quehaceres habituales, hasta que el bebé empieza a desplazarse por su propio instinto, arrastrándose o gateando, normalmente a los seis u ocho meses.
  • Hacer que los cuidadores respondan inmediatamente a las señales del bebé (lloros, quejidos, etc.), sin juzgarlo ni obviar sus necesidades, y sin convertirlo en el centro constante de atención.
  • Sentir (y satisfacer) sus expectativas de que se trata de un ser social y cooperativo por naturaleza, de sus fuertes instintos de autoconservación, y de que es bien recibido y útil.

Todas estas prácticas son diametralmente opuestas a lo que en nuestra sociedad creemos como el mejor trato para nuestros bebés. Generalmente se acostumbra lo siguiente:

  • Separación traumática de su madre debido a intervenciones médicas e internamiento en nurseries, en aislamiento físico, excepto por el sonido de otros recién nacidos llorando.
  • En casa, durmiendo a solas, aislado, a menudo “dejado que llore para que aprenda a dormir”.
  • Alimentación con horarios, usando el chupete o ignorando los impulsos naturales de necesidad de alimento.
  • Excluido y separado de las actividades normales de un adulto, relegado durante horas en una guardería, cuna o corralito siendo inadecuadamente estimulado por juguetes y otros objetos inanimados.
  • Cuidadores que a menudo ignoran, desalientan, desprecian o incluso agreden al bebé cuando llora o muestra de alguna manera sus necesidades; o que, por el contrario, responden con excesivo cuidado y ansiedad, convirtiéndolo en el centro de atención.
  • El bebé nota (y debe conformarse) que las expectativas de sus cuidadores son que él no es capaz de cuidarse a sí mismo, es antisocial por naturaleza y no puede aprender el comportamiento correcto sin estrictos controles, amenazas y una serie de “técnicas educativas” que minan su proceso de aprendizaje exquisitamente evolucionado.

Yo no he leído el libro completo, sólo fragmentos que me he encontrado en internet, pero vaya que me gustaría leerlo de principio a fin.

Al conocer el concepto del continuum y pensar en la tribu yecuana con su gente haciendo sus labores con sus niños cerca, pensé que tal vez podríamos aprenderles un poco. Actualmente aislamos a nuestros niños en lo que creemos que debe ser su mundo de niños cuando ellos lo que quieren en realidad es participar de nuestras experiencias; con mi hijo me ha sucedido, deja de lado cualquier súper juguete que esté usando para ir conmigo a verme cocinar, usar la licuadora, acompañarme mientras ordeno un cajón o le doy comida a nuestro perro, y qué decir de salir conmigo a la tienda o a pagar alguna cuenta. Es decir, los dejamos horas en guarderías o al cuidado de otras personas cuando la mayoría de nosotros realizamos trabajos en los que perfectamente podríamos estar acompañados de un niño, pero en nuestro sistema laboral esto es impensable. La razón, dicen, es que los bebés y niños no saben comportarse, pero he ahí la importancia de incluirlos en nuestras actividades adultas, un niño que desde pequeño acompañó a sus padres en sus visitas al banco aprende a comportarse de la manera adecuada, lo mismo en restaurantes, cines, salas de espera, etc. Por eso los niños de la tribu yecuana no se separan de sus padres, los acompañan y entienden desde temprano que hay responsabilidades que los adultos deben cumplir, y que a su debido tiempo, ellos también pueden participar. A esto se refiere el concepto del continuum de Jean Diedloff, dotar a nuestros hijos de experiencias que les ayuden en su adaptación a la vida.

El concepto del continuum es más profundo de que lo que yo he expuesto aquí y cuenta con otros matices que lo enriquecen, pero esta es una sencilla reflexión que nació a partir de mis lecturas. Si tuvieran alguna opinión al respecto les agradecería pudieran comentarla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario