La cuestión es que a Mateo le faltan poco más de dos meses para cumplir los dos años y la gente cercana a empieza a notar que le cuesta estar lejos de nosotros, así que se inician los comentarios al respecto, algunos con más tacto que otros, pero todos poniendo en entredicho la labor que hacemos mi esposo y yo al criar a Mateo.
La realiad es que sí, Mateo no puede estar lejos de nosotros. Los domingos en la iglesia no quiere quedarse en el salón donde están los niños de su edad si yo no estoy ahí, la mayoría de las veces tengo que llevarlo conmigo a las clases que yo tomo y cuando me toca impartir una me meto en un aprieto porque no puedo desconectarme del todo de él, lo cual he solucionado cargándolo en el mei-tai mientras doy la clase y así está tranquilo viendo todo desde mi perspectiva, moviéndose conmigo y hasta dormido se ha quedado una que otra vez. A lo mucho logramos que se quede unas 2 0 3 horas con sus abuelos cuando mi esposo y yo necesitamos ausentarnos, si nos pasamos de ese tiempo empieza a extrañarnos, a hacer pucheros y a romper en llanto (según non han contado mis papás). Es impensable que pase una noche lejos de nosotros, sería una pesadilla para él y para quien esté encargado de cuidarlo, y ya no digamos un día entero sin nosotros, definitivemente eso no podría suceder. Y así ha sido desde que nació.
Sin embargo, Mateo se adapta bastante bien a cualquier lugar y circunstancia siempre que estemos nosotros con él, de hecho muchas personas lo describen como un niño muy tranquilo, es por eso que no dudamos en llevarlo con nosotros cuando mi esposo y yo queremos salir, es decir, al cine, algún restaurante, centro comercial, obra de teatro o cualquier otro espectáculo; han sido contadísimas las veces que hemos tenido que salir sin él. Además, aunque con los adultos es muy reservado y sólo se suelta una vez que ha tomado confianza, con los niños es muy sociable, corre hacia ellos, les sonríe, les busca la cara, les muestra sus juguetes, los comparte (hasta ahora), siempre y cuando sepa que estamos cerca.
Hace unas semanas asistí a al baby sh0wer de una amiga y mientras las invitadas comíamos y platicábamos en la sala de la casa, los niños jugaban en la cochera, pero de vez en cuando Mateo entraba y se asomaba para asegurarse que yo estaba ahí, luego regresaba a jugar con los demás niños; en una de las ocasiones yo salí a ver cómo estaba y lo vi feliz jugando y riéndose, persiguiendo globos y bailando la canción que cantaba uno de los niños, se sentía seguro porque sabía que yo estaba cerca.
Todo esto para mí es de lo más normal, aunque conozco a otros niños y niñas de la edad de Mateo que son sumamente deselvueltos y se aceptan tranquilos estar lejos de sus papás. Las mayoría de las personas ve mal que un niño sea tan apegado a sus padres, aseguran que eso será contraproducente y a la larga le afectará. Para mí es todo lo contrario, el apego es la base de la forma en la que criamos a nuestro hijo. Yo no podría alejarme de él a propósito, para que aprenda a estar sin mí, creo que eso lo tiene que decidir él en su debido momento, aunque le tome más tiempo que al resto de los niño y niñas. Hoy no puedo demostrarlo, sólo el tiempo me dará la razón (o no), pero hay algo dentro de mí que me dice fuertemente que Mateo será un niño, un adolescente y luego un adulto sano y seguro, porque siempre que lo necesitó estuvo acompañado y sostenido por sus padres. Y mientras yo siga escuchando ese pensamiento que viene de mi interior, los comentarios externos podrán ir y venir.
