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viernes, 9 de marzo de 2012

Una mañana en la cocina

Hoy me sentí bastante inspirada y decidí invertir tiempo en algo que me gusta mucho y que es hornear, además Mateo traía energía de sobra, así que le encantó la idea de ayudarme y ensuciar un poco, mucho más bien.

Nos pusimos manos a la obra con una pizza para la comida y un pan (o bizcocho) de chocolate para la media tarde. La receta de la masa de pizza que hicimos fue sacada de aquí y la del pan de aquí.

Empezamos con la foto inicial y Mateo quiso que también saliera Muriel, pero a estas alturas del embarazo no cabemos las dos en la misma foto, así que la afortunada fue ella :)



Primero, a preparar la masa para la pizza.


En lo que la masa reposa para que "levante", empezamos el pan.


Listo para el horno. Aquí pasa algo muy curioso, siempre que terminamos de hacer la mezcla y llega la hora de meterla al horno, a Mateo no le gusta y llora como si de algo malo se tratara. La foto es antes de mencionarle el fatal momento que seguía.


Los beneficios de ser el ayudante.


El pan listo.


La pizza lista. Esta vez elegimos salsa de tomate (hecha en casa), queso, aceitunas negras, cebolla, pimiento verde y champiñones. La verdad es que quedó muy rica.


Pasamos gran parte de la mañana en esto, es que cocinar con niños requiere de paciencia, pero es muy divertido y gratificante, sobre cuando entienden que lo que se están comiendo lo hicieron ellos con sus manos.

Saludos a todos.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Mi cocina: Pastel azteca

Al encargarme de lo que se come en casa he podido redescubrir la comida mexicana, y me ha interesado mucho, específicamente, la comida tradicional mexicana y lo que me encanta es que un sólo platillo puede resultar una comida completa debido a la variedad de ingredientes que se utilizan.

En nuestro pasado prehispánico la cultura gastronómica era asombrosa, así la describieron muchos cronistas españoles que llegaron con los grupos de conquistadores quienes se maravillaron con la variedad de ingredientes y con la fortaleza física de los indígenas, rebosantes de salud y energía producto de su dieta abundante en vegetales, frutas, cereales y muy baja en carne, sólo se usaban algunas aves para consumo. La carne roja llegó con la conquista.

Los primeros cronistas de nuestra historia que relatan el encuentro de la cultura occidental con la mexicana, dan amplio testimonio del profundo espíritu religioso de los pueblos indígenas y de cómo este espíritu abarcaba también las costumbres y hábitos alimentarios; es decir, existía toda una tradición gastronómica vinculada a las creencias y ceremonias religiosas.

Al realizarse la conquista espiritual por parte de los españoles, se produjo un cambio en los hábitos alimentarios propios de las fiestas religiosas, para adaptarlos a los usos y costumbres que exigía el ritual de la nueva religión. Surge así una cocina cuaresmal y una cocina navideña en la Nueva España.


Cabe mencionar que la cocina mexicana resultó muy adecuada para la Cuaresma, ya que en México no existía la carne de res, de cerdo y, en general, de todos los bovinos. Por todo ésto, se puede afirmar que la gastronomía mexicana de cuaresma es una de las más ricas y variadas del mundo, y que afortunadamente, es una tradición de la mesa mexicana.

Dentro de esta tradición mexicana encontramos el Pastel azteca, un clásico de la comida mexicana, saludable y fácil de preparar. Quisiera compartirles la receta que yo utilizo en casa.

Ingredientes:

  • Tortillas de maíz
  • 3 medias pechugas de pollo cocidas y deshebrada (pollo orgánico de preferencia)
  • 2 tazas de granos de elote
  • Crema
  • 1/2 taza de caldo de pollo o verduras
  • 6 piezas de chile verde desvenado (se puede sustituir por chile poblano [4] o por pimiento verde si no vives en México y te cuesta conseguir variedad de chiles [3]).
  • Queso oaxaca rayado (o cualquier variedad que gratine)
  • 1/2 cebolla fileteada
  • 1 diente de ajo finametne picado
  • Aceite
  • Sal y pimienta

Procedimiento:


Saltea la cebolla y el ajo en aceite hasta que la cebolla esté suave. Agreda el pollo, los granos de elote, sal y pimienta; retira del fuego y deja enfriar.

Licua los chiles con la crema y el caldo para hacer una salsa.

En un refractario acomoda una capa de tortillas, luego una de la mezcla de pollo, una de salsa y espolvorea el queso rallado; repite las capas en el mismo orden hasta terminar con la salsa y el queso.

Hornea a 180 grados centígrados hasta que suelte el hervor.












Lo acompañamos con una rica y bien fría limonada.